06 de Julio del 2008      



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La mujer Saharaui sigue
 
Como periodista, uno de los sentimientos que más me fastidian es comprobar una y otra vez la falta de profesionalidad de mis compañeros de prensa. En el asunto Sáhara, por desgracia, es más que frecuente que los colegas practiquen una forma de funcionamiento que, siendo directamente contraria a lo más básico de la profesión, se da muy a menudo. Es eso tan viejo de “hablar sin saber”, pretender informar de algo que se desconoce casi por completo, pontificar sin haberse quedado más que en la cáscara del fenómeno. Y del Sáhara, ya lo sabéis, habla todo quisque, sin que apenas nadie se haya molestado en ir al fondo del problema. Como mínimo, qué menos que viajar a los campamentos saharauis de Tinduf y hablar con los refugiados de allí, para empezar a aproximarse a un asunto enormemente complejo en lo político, en lo humano, en lo cultural, en lo social. Suelo repetir que el Sáhara es otro planeta, que sin embargo para muchos es tan próximo que se ha convertido en íntimo, personal. Y eso, ya de entrada, es una especie de milagro.

Pero ya cuando uno entra en la Facultad de Periodismo, algún profe competente nos advierte de aquella frase convertida en arquetipo que debe ser evitado : “El periodista es la persona que debe explicar a los demás lo que él mismo no ha entendido”. Al estudiar esta materia, se empieza por ahí. Sin embargo, parece que algunos profesionales siguen sin haber entendido cómo evitar caer en eso. Y a uno le pone colorado tener que empezar por explicar a gente seria que los niños no vienen de París ni los trae la cigüeña.

Con el asunto de una chica saharaui llamada Aicha, estos días ha pasado algo así. Para los que hace tiempo estamos metidos con todo lo del Sáhara Occidental, el montaje que me han armado en una localidad leonesa resulta tan grotesco y falso que sube los colores. Porque es no haberse enterado de lo mínimo. Y sin embargo, ha habido miles de firmas recogidas y hasta un senador implicado –del PP tenía que ser- para respaldar lo que sólo es una pataleta infantil que avergüenza a quien conozca un poco los contextos saharaui y español. Pero estas cosas suceden, hay que reconocerlo. Sólo que a uno le avergüenza entonces su profesión de periodista, una vez más.

Y ha creado una repercusión absolutamente imbécil, de la que hay que responsabilizar a la familia acogedora leonesa, que es la que ha liado todo ese absurdo jaleo, y a la propia chica saharaui, Aicha. Pero no excusa a gente como el periodista Luis M. Alonso, de “El Faro de Vigo”, que el pasado 20 de agosto nos informaba, muy seriamente, de que los hombres saharauis “al salir de casa, atan a la mujer a la pata de la cama” (¡¡!!). ¡Por no enterarse, este impresentable no sabe ni siquiera que no viven en casa, sino en tiendas, y no tienen camas, sino que usan simples colchonetas! ¿Veis lo que os digo de la vergüenza profesional que entra a veces al leer a los compañeros? ¡Si hubieran hecho algo parecido a eso los maridos saharauis, no habría República Saharaui ahora mismo! ¡Ni existirían ellos, como tales¡

Veamos : sobre Sáhara Occidental se han publicado cientos de artículos de prensa, reportajes de un color y de otro, en publicaciones de todo tipo y todas las ideologías políticas. Ha enviado gente por allí la derecha, la izquierda y el centro : todos han andado por Tinduf, aunque con cuentagotas, y poquísimos han llegado más allá. Pero siempre de uno en uno, por desgracia. Y una y otra vez se repite el fenómeno de que, para justificar ante el redactor jefe que la empresa haya costeado un viaje tan lejos, el profesional de prensa parece sentirse obligado a volver habiendo descubierto algo, muchas veces la pólvora en nuestra época. En mi libro La distancia de cuatro dedos critico a varios profesionales del mismo diario-más-vendido, “El País”, y señalo cómo con demasiada frecuencia han mentido descaradamente al informar sobre aquella realidad. Partiendo de ahí, si el diario español más prestigioso informa mal sobre el Sáhara, qué cabe esperar de otros órganos de prensa de alcance más reducido. Con lo cual nos encontramos de nuevo con lo de siempre. Pero sonroja encontrarlo. Avergüenza ver cómo se niega lo que resulta evidente.

La mujer saharaui como protagonista

Desde hace años, casi desde el principio del conflicto, se ha señalado a la mujer saharaui como la principal autora, el principal motor, del milagro conseguido en los campamentos : organizar lo que en principio era una catástrofe humana, para conseguir que un pueblo al que se le negó todo sobreviviera en medio de la nada. Hay un hecho innegable, que a todo el que va por Tinduf le cuesta explicar : cómo es posible que gente sin apenas preparación haya sobrevivido en semejante medio, con aquellas durísimas condiciones de vida. Para valorar aún más ese milagro hay que esforzarse un poco en conocer qué es lo que se ha ido haciendo allí. Pero cuando se empiezan a leer documentos, o cuando se tiene la suerte de participar en las sesiones oficiales de alguno de los congresos o actos públicos de la República Árabe Saharaui Democrática, lo que le invade a uno es la sorpresa, y una completa admiración por ese pueblo. Porque hay contenido, y enorme, de una gran altura sociopolítica, en todo lo que forma la realidad concreta de esta nación independiente que se ha formado en el desierto. Todo estaba dicho ya y presentado a la ONU desde antes de que empezara el conflicto. Eso nos da ya una diferencia de perspectiva entre los que no se enteran de nada y hasta habiendo viajado a Tinduf, vuelven mostrando que sólo han hecho turismo superficial, con todo su vacío, jugando a Indiana Jones, y los que se han interesado en conocer profundamente un fenómeno social admirable. Lo que señala dos perspectivas bastante diferentes ya.

En todo eso, hay un hecho innegable que han señalado muchas personas con un mínimo de honestidad : que las mujeres del Sáhara han sido las autoras del milagro. La razón es básica : para sobrevivir todos estos años, los hombres han tenido que estar lejos, combatiendo en el amplio desierto, dejando en Tinduf a mujeres, niños y ancianos. Empiezan a surgir los porqués y las valoraciones : sencillamente, había que hacerlo así porque aquella sociedad es de esa forma. Y empecemos a utilizar la humildad desde aquí los occidentales : si nuestras feministas hubieran deseado que todo fuera de manera diferente, sólo tenían que haber demostrado esa convicción yéndose al Sáhara a practicar lo que predican. El hecho histórico es que cuando toda España se bajaba los pantalones ignorando a los saharauis porque Franco se moría y estábamos muy ocupados aquí haciendo la Transición, sólo unas pocas enfermeras nacidas en la Península estuvieron donde debían, ayudando a los saharauis. Por eso me quito el sombrero delante de ellas, en primer lugar ante la vasca llamada Gurutxe Irizar Inxausti, conocida en el Sáhara como Fatimetu. Chapeau, compañera, éle ahí.

Lo segundo es señalar que cuando no había nadie preparado para acometer la tarea, fueron las mujeres saharauis las que se organizaron entre ellas para ir montando instituciones de resistencia y pedir ayuda concreta en lo necesario. Podemos opinar como queramos, pero el milagro de que de un caos surgiera un Estado, lo protagonizaron ellas. Es un hecho histórico, comprobable. Siempre cabe mentir y rechazarlo para servir a otros intereses como hace Marruecos continuamente más la Francia que lo respalda, pero verdad no hay más que una.

Lo he señalado también en varios lugares, pero lo único que pasará a la Historia (que ya se sabe, siempre la escriben los vencedores) es que, mientras los hombres conseguían el milagro de resistir siendo poquísimos –como los saharauis, por prudencia, no revelan su cifra total, se especula con que el número de combatientes sea de 8 ó 10, 12.000 todo lo más- contra los 160.000 hombres armados, entre soldados y policías, con que cuentan las fuerzas de invasión marroquíes, las mujeres formaban en Tinduf una estructura de supervivencia que primero fue el germen y luego se ha ido convirtiendo en un verdadero Estado democrático, con un Parlamento que funciona, y muy bien, y unas instituciones de gobierno cuya solidez desafía a otros Estados del planeta. Su realidad puede ser muy distinta porque diferentes son los medios utilizados, pero es un hecho que es así, si prescindimos de corbatas, trajes de chaqueta y lujos accesorios para definir lo que es un Estado como tal.

En pocas palabras : los hombres han conseguido resistir cuando la relación de fuerzas era de uno contra quince, y las mujeres han construido un Estado. Es así de fácil, lo miremos como lo miremos, si se hace con un mínimo de sinceridad.

Y esto, repitámoslo, lo ha señalado ya gente de todo tipo : hasta las chicas de la revista “Telva” han andado por allí y señalado esto, o los sin comentarios de la desaparecida revista “Ajoblanco”, algún buen profesional de la revista del PP “Época” o enviados de todos los diarios con alguna difusión en España.

Pero claro, lo menos que cabe exigir es ir allí y verlo. Viajar a Tinduf para poder opinar. Haber comprobado directamente aquello sobre lo que se opina. Y cuando se pretende haber descubierto la total profundidad de aquella realidad social, política y humana, la exigencia más elemental es demostrar que se ha leído, se ha profundizado, se ha analizado a fondo cuanto el pueblo saharaui entero ha ido realizando, no sólo un viajecito y hala. Lo que ocurre es que eso, siento tan mínimo, aún se pasa por alto. Por ejemplo, el columnista de “El Faro de Vigo” mencionado, que de tanya gloria se ha cubierto.

El sensacionalismo es lo que se vende

Otra frase que suele repetirse al hablar de prensa es que “no es noticia que un perro muerda a un hombre, pero sí lo es que un hombre muerda a un perro”. O sea, que el sensacionalismo sigue funcionando, aunque nos repugne a los profesionales de prensa que insistimos en pretender ser fiables, tener una palabra digna de crédito, ser científicos en nuestro funcionamiento al escribir.

Hablaré en primera persona : cuando pretendía escribir mi libro sobre los saharauis antes citado, en el verano de 1989 me encontré con que ya tenía recogido todo el material informativo que iba a formar esa obra. Viajé a los campamentos por primera vez en 1987 (OJO: no en 1978 como decía en la primera entrega de esta página, y un buen amigo me señaló que era una primera errata cometida, lo siento), había hecho todas las entrevistas y vivido todas las experiencias que recojo en el libro. El texto pudo estar escrito en ese verano. Pero me di cuenta de que la propaganda marroquí es poderosa, usa la mentira como arma primera, y en sus filas figuran hasta algunos cargos de Universidad española de uno u otro nivel que comprendí que se me iban a echar encima rápidamente si publicaba mi material como lo tenía entonces. Comprendí que si lo sacaba a la venta así sin más, iba a ser sólo el trabajo de un periodista desconocido que decía haber estado en el Sáhara, sólo. O sea, que decidí respaldar la cosa investigando a fondo, leyéndome todos los libros y rebuscando todos los documentos que me fuera posible, con una pretensión : que cada palabra, cada afirmación mía, cada dato, cantidad, fecha, verbo o adjetivo utilizado estuviera respaldado por uno o más documentos que lo avalaran, que le diesen credibilidad. Es decir, hice el largo, silencioso y oculto trabajo de pasar de lo meramente periodístico al nivel de investigador. De “lo que dice la prensa” a “lo que se enseña en la Universidad”, con todo lo que eso significa. Un doble nivel sobre el que hay mucho que decir, porque en uno y otro campo existen falsedades, hay profesionales de prensa –pocos- cuyo trabajo es plenamente digno de confianza, y enseñantes universitarios con uno y otro nivel –a veces demasiados- que dejan a la Universidad por los suelos enseñando enormes falsedades a las que nadie suele responder por razones de prestigio, sencillamente.

Por eso escogí el título de mi libro, La distancia de cuatro dedos, usando el proverbio saharaui que señala esa distancia como la que existe entre la verdad y la mentira. Porque el único título profesional que puede respaldarme es decir la verdad. Y claro, respaldar esa verdad apoyándola en tantos datos concretos que, si alguien quiere afirmar que miento, al hacerlo me está diciendo que soy un buen novelista, por la enorme imaginación que representaría inventar todo lo que describo con detalle. Y un segundo nivel : para afirmar que miento hay que haber pasado por situaciones semejantes a las que describo. Y apenas nadie ha estado donde cuento que yo estuve. Quizá por eso casi nadie ha hecho una crítica de mi libro, y ninguna persona de las que lo ha hecho utiliza una mínima credibilidad.

Todo esto, por señalar los niveles en los que uno se mueve. Que es necesario para abordar todo un montaje que rebosa falsedad por todos los costados.

Sobre ese lío de Aicha

Volviendo al asunto de hoy : ese algo que tienen los saharauis y que no sabemos definir, esa dignidad con que mantienen sus viejas tradiciones, incluso religiosas, de una forma que ha pasado a ser progresista aunque resulte contradictorio, ese organizarse día a día y paso a paso para haber construido lo que hay en los campamentos, es lo que no ha encontrado la chica saharaui que es centro del escándalo, Aicha Embarek, y mucho menos aún la familia leonesa que se ha empeñado en traérsela para acá. Nuestra respuesta y la del Polisario es la misma que al final ha adoptado la familia saharaui de la chica : dejarla por imposible, y que haga lo que quiera. Si no entiende aquello, si no es capaz de medir que su familia y su pueblo, incluso su madre enferma, la necesitan, que se marche, allá ella. Como a veces nos pasa con algunas personas : si alguien no entiende de poesía o de música clásica y prefiere poner ritmos atronadores, los dejamos que hagan lo que quieran, pasamos a otra cosa. En el caso de Aicha, de forma semejante, idem de lo mismo. Pero lo que nos molesta a todos es el bombo estúpido que se le ha dado a esta historia, y las no sé cuántas mil firmas que han reunido, montadas sobre una mentira. Porque me gustaría saber cuántas de esas personas firmantes estaban de verdad informadas de la verdad de este asunto, y cuántos eran simplemente cristiano-castellano-leoneses haciendo aún la Reconquista contra el “moro”, sin saber.

Hace años que tengo buenos amigos en León, incluso en el Bierzo, valoro sus costumbres, su gastronomía y sus monumentos ; hasta tuve un buen compañero de estudios que es de allí. Como hombre del Sur que soy, me fascinan los rincones leoneses de hierba verdísima, con rocas de granito y riachuelos que toman su color oscuro de esas mismas rocas, entre los prados donde pasta el ganado. Me emocionan sus grandes ríos que hablan de la historia española que conocieron sus orillas. Me gusta la serena consistencia, la solidez de sus gentes, sus hondas convicciones, su forma de vivir. Detesto, como en todas partes, la cerrazón mental y el sostenella y no enmendalla, que también aparece por allí. Pero por todo eso y por el románico y pre-románico que tienen y en mi Sur nos falta aunque gótico si tengamos pero no como el de aquellas tierras, vuelvo por León siempre que puedo, y seguiré haciéndolo.

Por el Bierzo estaba, en casa de unos amigos de la Asociación que me alojaron cuando fui a presentar mi libro, cuando el asunto Aicha no había hecho más que empezar. En el cuarto de estar-cocina andábamos cuando llamó por teléfono la madre de acogida de Aicha, Julia Taladrid, y se puso luego su marido. La charla duró cerca de una hora, y los presentes pudimos oírla porque el aparato se podía escuchar por la habitación, además de que del otro lado hablaban a voces. Pude presenciar cómo la familia en cuya casa estaba yo intentaba razonar una y otra vez, y cómo la Taladrid y su esposo no se avenían a razones y mostraban una cerrazón mental que cae en tozudez, en cabezonaría, en el sostenella y no enmendalla que dije. Un defecto tan castellano-leonés, tan propio de los tiempos de la Reconquista. Como si no hubieran pasado cinco siglos de aquello. Pude comprobar que no razonan con sensatez.

No hubo manera, como nunca la hay. Nadie parece interesarse en que, si estamos en una Asociación de ayuda a los saharauis, lo mínimo es respetarlos como son, y no querer cambiarlos para hacerlos como nosotros, que eso es lo que hace Marruecos y se llama imperialismo, colonialismo cultural, aplastamiento, los saharauis llevan 25 años haciendo una guerra para oponerse a eso. Nadie parece haber caído en que el del Sáhara Occidental es un pueblo musulmán, que reza mirando a La Meca y practica los preceptos del Islam, aunque lo hagan a la flexible manera que es admitida para la gente del desierto, por razones de medio ambiente, como es lógico. (El profeta Muhammad, al que no me gusta llamar “Mahoma”, nació y creció en el desierto, sabía muy bien que no se puede obligar a hacer abluciones rituales a un pueblo que vive donde no hay agua). Que tienen sus costumbres propias, y ceñirse a ellas de forma aperturista es el centro de su revolución. Pero me asquea comprobar que, incluso entre personas que ayudamos a un pueblo admirable que a muchos nos enamora por sus cualidades, existe gente que no se entera de todo eso. De cómo es, cómo siente, cómo interpreta el mundo un pueblo al que traicionamos abandonándolo, pero que por encima de ello nos quiere y hasta habla nuestra lengua y valora nuestra forma de ser, tan diferente a la suya.

Por desgracia, no sólo la familia del Bierzo acogedora de Aicha no se entera, sino que la misma chica saharaui prefiere venirse aquí, a vivir como nosotros y cortar con sus costumbres adoptando algunas de las nuestras, las peores. Una vez más, nuestra respuesta sería la misma antes dicha : allá ella, con su pan se lo coma, que haga lo que quiera… de no ser por todo el jaleo que me han montado tan absurdamente en torno a esto.

Los aspectos ocultos de la cosa

Lo que me asquea es todo lo que hay oculto al fondo de este asunto Aicha. Todo lo que no se dice, porque modifica el resultado final. Lo mucho que hay en ello de mentira, de falsedad, de engañar a los mismos protagonistas de la historia. Perdonad, pero como periodista que soy, me hiere cuanto es mentira, y me sublevo ante ella. Por eso me remueve las tripas este asunto.

Primero : aunque no deba hacerse eso de cambiar las circunstancias de lugar y tiempo para entender un fenómeno social, imaginemos una historia parecida, modificando algunos aspectos básicos, y veamos cómo nos suena la cosa. A ver : pensemos en el caso de una chica que hubiera viajado para estudiar a Estados Unidos (país que no me gusta, sobre todo desde que está Bush, y hace años estuvo Reagan) como parte de un “intercambio” de los que se hacen, hubiera vuelto a casa demasiado “americanizada” y criticando a su familia por “antigua” por vivir como se hace aquí, y ante eso el padre se hubiera negado a seguir la cosa porque en EE UU la estaban malcriando. ¿Lo entenderíamos o no?

¡Pues eso es, exactamente, lo que ha pasado con Aicha, la saharaui!

¿Qué es lo que cambia entre un caso y otro? Sencillamente, que de del lado de Aicha, para muchas personas funciona aún una falsedad nacida de la ignorancia : el prejuicio contra el “moro”. Que básicamente (hay excepciones), no funciona contra los estadounidenses. Contra los musulmanes sí. ¿Más concretamente? Estados Unidos pertenece a nuestra misma área de cultura, nos resultan cercanas sus costumbres por absurdas que sean (sigo sin entender el béisbol, jamás entro en un McDonald porque no me gusta la comida-basura, aunque uso pantalones vaqueros y calzo zapatos al estilo de los mocasines indios) que nos llegan a cada momento por los medios de comunicación. Son la cultura dominante, en pocas palabras. Todos estamos bastante construidos al modo anglosajón, y hasta algunos políticos y sus partidos nos predican esa cercanía : no hablemos de Aznar apoyando la invasión de Irak, pero tampoco del PSOE que nos metió de cabeza en la OTAN e hizo algo parecido cuando la Guerra del Golfo, aunque ahora lo nieguen. En cambio, el musulmán es el bloque contrario, el gran enemigo ahora que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se ha deshecho, y después de lo de las Torres Gemelas es el Malo de los Malos, aunque sigamos sin saber casi nada sobre ellos. Y los creyentes en Islam son, no lo olvidemos, mil millones de personas, un porcentaje de la humanidad considerable.

¿Qué está fallando, entonces, en lo de Aicha?

Pues sencillamente, que nos están ocultando que en el fondo, lo que hay es que un familiar de la chica viajó a España, visitó a la chica saharaui en el seno de su familia de acogida, y volvió a los campamentos contando allí que estaba adoptando costumbres demasiado occidentales. No entraré en decir cuáles, para que no me cojan por ahí ; dejémoslo en detalles de los que chocan entre una cultura y otra : que siguen siendo nimiedades socio-culturales, pero que chocan. Diferentes que somos, al fin y al cabo, por mucho que tengamos las mejores relaciones con nuestros amigos del Sáhara. Es cosa muy superable cuando hay buena voluntad, y ellos la tienen.muchos de nosotros también.

Más aún : sucede que la madre de Aicha está enferma de hepatitis, y necesita ayuda. Están junto a ella sus hermanas, tías de Aicha, pero ¿qué hay de malo en que la familia –no sólo el padre, ojo, no caigamos en un machismo más que falso- quiera que la hija permanezca allí para cuidar a su madre? ¿Qué hay de incomprensible en eso?

¿…Sobre todo cuando creen que a la chica la están malcriando en Europa, en España, en León, en el Bierzo, la familia de acogida… que no es la suya de origen, recordémoslo?

Ya nos han acusado por escrito, desde Suiza, de que “las mamás andaluzas están malcriando a los niños saharauis”, y tengo que estar de acuerdo. Sí, las mamaítas andaluzas y españolas –decir “madre” es decir mucho más, cosa más seria- están malcriando en muchos casos a los saharauillos pequeños regalándoles objetos inútiles de consumo, es cierto. A pesar de lo cual, el fenómeno “Vacaciones en paz” sigue teniendo un balance positivo, mirándolo todo. Por eso los saharauis lo mantienen, así de fácil.Y ese es otro elemento básico cuando hablamos de Sáhara : que al final, quienes cuentan y deciden son ellos. Estamos ayudando al pueblo saharaui, ¿no? Ya he dicho que, en mi opinión, el pueblo español está cumpliendo al hacerlo una obligación que sus políticos contrajeron (no sólo los del franquismo, sino otros partidos posteriores y democráticos como el PSOE, que después de prometer su Secretario General a los saharauis “Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”, luego al llegar al poder pasó a respaldar desmedidamente a Marruecos, porque la política y Francia mandan). Para los españoles honestos, ayudar a los saharauis es un deber histórico. Pero al final, quienes cuentan son ellos, los saharauis, con su manera de ser propia, personal como pueblo, nacida de sus propias circunstancias, su propio medio, su propia historia, el contexto geográfico y cultural en el que están inmersos y sobre todo, su ser como son. Porque pretender cambiar esa forma de ser es robarles muchas cosas, elementos culturales, costumbres de mucho tiempo, prácticas de origen religioso, principios básicos. Son musulmanes, no lo olvidemos. Pretender que los niños “aprendan” a comer jamón como hace alguna mamaíta andaluza podrá parecernos a nosotros estupendo, pero es robarles tradiciones religiosas que son suyas propias, y valoran. En lugar de eso, si alguien quiere, puede concentrarse en el “noble esfuerzo” de que nuestros sacerdotes practiquen el sexo presentándoles jovencitas atractivas : es más fácil, lo tenemos más cerca… Y si absurda nos parece la prohibición islámica de consumir cerdo, más absurdo es el celibato, con lo bonita que es la sexualidad… O bien, que se dedique a “redimir” a las monjas de clausura, que tantas tenemos en las ciudades españolas. En vez de pretender cambiar a los musulmanes con sus costumbres de siglos, ¿por qué no empezamos con lo que tenemos al lado mismo de casa?

¿Que eso nos suena absurdo? Pues más absurdo aún es caer una vez más en el viejo mito de seguir combatiendo a quienes nos quieren por encima de las diferencias de cultura y valoran nuestra dedicación a ellos, sobre todo cuando viajamos a verles, pero quieren seguir siendo como siempre fueron. Y he puesto esos dos ejemplos por hacer ver que, si absurdas nos parecen algunas costumbres musulmanas, también a ellos les parecen incomprensibles muchas de las nuestras.

Dejadme que blasfeme un poco, y perdón si hiero a alguien : cada vez que veo por televisión a los penitentes que en Semana Santa se azotan por las calles, pienso en los comentarios que hacemos aún contra los chiíes de Iraq porque hacen eso mismo. Cuando pasan por la TV andaluza la ocasión anual en que quienes van de romería al Rocío saltan la verja para sacar entre empujones a La Blanca Paloma, me pregunto qué pensarán nuestros amigos saharauis que vean eso mismo. Pero cuando alguna vez he intentado que opinen, no hay manera : dicen “Quizá nosotros haríamos lo mismo si fuéramos andaluces, las circunstancias de aquí son distintas, no podemos opinar…” ¿Es mucho pedir cuando digo que debiéramos aprender a ser como ellos, de caballerosos y maduros respetando al otro?

Más ocultaciones falsas

Hay bastante más aún que no se dice en el asunto Aicha. Por ejemplo, que la chica estaba saliendo con uno de los hijos de la familia, y a la mamá le apetecía la idea de que siguiera el noviazgo, quizá por el toque exótico. Al final, la razón más fuerte y duradera del mundo : el asunto entre mujeres y hombres. Siempre igual, desde Adán y Eva hasta aquí. Entonces, ¿por qué se dice que de lo que se trata es de que Aicha estudie, y sea libre, si la verdad es otra?

Como dice una amiga leonesa : un capricho de mamá. Pero esa misma amiga añade : “Casi siempre, quienes alzan la voz hablando de derechos de la mujer y mayorías de edad, son los que difícilmente se les oye cuando hay que defender esos mismos derechos con seriedad, en campañas dirigidas exactamente a eso”. Creo que tiene toda la razón. Con lo cual no ridiculizo ni mucho menos esos principios ni esas campañas, sólo me permito indicar que para eso, como para todo, hay que tener ideas claras y bien formadas, no dejarse llevar por elementalidades superficiales de las que nos sirve la tele-basura, por ejemplo.

Por seguir con ese ejemplo : mira por dónde, el reportaje de televisión sobre Aicha que apareció hace poco en “Espejo público” de Antena 3, se emitió justo detrás de otro reportaje con imágenes del crimen de Coín de que fue víctima Sonia Carabantes, acto criminal contra el que estamos todos, y justo antes de otro reportaje más, esta vez sobre jóvenes extranjeros que pagan en sus civilizados y europeos países de origen viajes hasta la Costa del Sol y tierras murcianas y alicantinas, en los que se incluye una enorme cantidad de consumición alcohólica. Es decir, viajan donde nosotros pagando para emborracharse, y huir de unas prohibiciones que en su tierra están bastante más penadas que en España. Me parece muy representativo de lo que es nuestro Occidente “desarrollado”. Dejadme señalar que en el Sáhara de nuestros amigos no sucede ni lo uno ni lo otro, es absolutamente impensable. Ah, pero es que ellos son musulmanes, “moros”. Según algunos, no tienen libertad suficiente, hasta los padres reprimen a sus hijas que no quieren venir a España, qué horror. Pensemos un poco : un padre normal de entre nosotros que hubiera visto un par de reportajes sobre ese antes y después del mismo programa de Antena 3 ¿acaso no hubiera hecho exactamente lo mismo que el padre de Aicha? Cuando estos días los padres y madres de la provincia de Málaga les insisten a sus hijas en que no se muevan solas de noche por las calles, ¿alguien de nosotros puede culparlas? ¿Alguien habla de represión, de no respetar la libertad de las hijas, de mayoría de edad? ¿O más bien lo entendemos?

Más aún : si tanta represión hay allí, en los campamentos donde no dejan venir a sus hijas a España, ¿alguien se ha preguntado cómo es que los reporteros pudieron filmar sin problemas ese mismo reportaje, y entrevistar a la familia de la chica? ¿En qué quedamos?

¿Tanto han tardado en enterarse?

Y otro poco : ese programa se emitió en Antena 3, la cadena televisiva dominada por el grupo empresarial de Editorial Planeta, especializada en “lo que más se vende”, sea lo que sea, y por eso precisamente se especializa en programas-basura. Ese mismo espacio televisivo, ¿cómo es que no se ha acordado de la mujer saharaui salvo en este caso? Tengo amigos periodistas de ambos sexos que han pedido hacer un viaje a los campamentos en sus cadenas televisivas para las que trabajan : a alguno de ellos le respondieron “¿Qué quieres, vacaciones exóticas pagadas?”. ¿Es que no los responsables de esas cadenas no se han enterado del milagro colectivo que esas mujeres llevan protagonizando desde 1975, reuniéndose, repartiendo tareas, organizando comités para repartir lo que hay y buscar cómo conseguir lo que falta, creando instituciones, superando su realidad a base de un heroico trabajo partiendo de la nada, mientras sus maridos estaban lejos pegando tiros en el frente de guerra? En pocas palabras : creando una nación libre e independiente, porque han sido ellas quienes la han creado paso a paso, gesto a gesto, reunión tras reunión, debate tras debate. ¿Esa es la represión machista que hay allí sobre las mujeres? ¿Esa es “la pata quebrada y en casa”, que se dice por aquí? A esas mujeres que han dejando enormemente más alto lo que significa la palabra Mujer, ¿quién de entre nosotros es capaz de criticarlas? ¿Quién se atreve a derribar lo que han hecho, cuando se conoce mínimamente el astronómico valor que tiene su esfuerzo de estos años? Repito : ¿quién se atreve a criticarlas, si se valoran un mínimo las circunstancias en las que está hecho todo, e incluso sin hacerlo, por algo llevan 25 años sido modelo para muchas mujeres que saben de ello?


Desde el principio, distintas fuentes han señalado a la mujer saharaui como luchadora ejemplar en la construcción de su pueblo y cuanto éste necesita. Incluso se les da un adiestramiento militar, ya que el enemigo amenazó con atacar los campamentos, repitiendo los asesinatos masivos del comienzo de la guerra. La defensa propia colectiva exigiría usar las armas. Portada del nº 1, con fecha 1 de julio 1976. Hay muchas otras apariciones en prensa, aunque algunos no quieran enterarse.


Si los aspectos técnicos de esta página lo permiten, por ahí tendréis reproducida la portada de la publicación “Vindicación feminista”, que en plena Transición Democrática del postfranquismo, en 1976, dedicaron a la mujer saharaui las feministas radicales seguidoras de Lidia Falcón. No entraré a juzgarlas para evitar el calificativo de machista, porque mantengo el principio personal de que de mujeres sólo deben hablar con relevancia las mujeres, los hombres somos el bando contrario, por definición. Pero a la vez, como quiera que uno de los temas eternos para cada uno de los sexos es el contrario, estas muchas líneas mías dejan en evidencia una sola cosa fundamental : que si suelo afirmar que el pueblo saharaui me enamoró, empecé por las mujeres de allí, como es lógico. Y si una profesora de la Universidad granadina dice de mí que estoy “colectivamente enamorado de todas las mujeres saharauis”, confesaré que mucho de verdad hay en ello. Me gustaría parecerme a los hombres saharauis en muchas cosas, pero también dije en mi libro que teniendo detrás a una mujer como las saharauis y para defenderla a ella y a mis hijos, yo también haría una guerra, sin que importaran los años. Y en situación de paz, aunque sea de facto, como ahora, valoraría enormemente el trabajo de estas mujeres, en quienes se puede confiar, de las que uno puede alejarse tranquilamente con la seguridad de que al volver, posiblemente la familia tenga más comodidades, la vivienda esté más arreglada, la propiedad más cuidada, los hijos en mejor situación, los vecinos debidamente satisfechos con cómo marcha la familia. Esa serenidad difícilmente definible que comunica una mujer que administra bien la casa con todo lo que representa. Y que además sabe trabajar fuera en todo lo relacionado con la sociedad de la que forma parte. Nada de “pierna quebrada”, sino manos bien activas, construyendo la firmeza de un país que nace.

Y ahora en serio

Aunque todo lo anterior también lo ha sido, digamos para terminar verdades con pretensiones de que sean duraderas : la mujer saharaui ha demostrado en estos años una madurez, una dignidad, una hondura en el conocimiento de su propia valía y un crecimiento sobre sus límites anteriores que la han convertido en modelo para las mujeres de todo el mundo. No es comentario machista ni se basa en que su belleza física sea capaz de hacer suspirar al más pintado (hasta uno de los reyes de Marruecos antepasado de Hasán II casó con una saharaui, sin que eso signifique ni mucho menos que sean un mismo pueblo, como pretenden ahora). Para afirmarlo me apoyo, de forma elemental, en lo que llevan muchos años diciendo todas las mujeres serias que conocen esa realidad del Sáhara. La única pena es que, como decía al principio, “no es noticia que un perro muerda a un hombre, y sí lo es…”. El que la mujer saharaui sea espléndida, madura, dueña de sí misma, avanzada, precursora, modelo para todas las mujeres, ejemplar, “no vende”, por eso no se han acordado de ese fenómeno real y comprobable en 25 años de callado milagro y trabajo de cada día. Para la TV-basura, no funciona el que haya un pueblo, de creencias islámicas por más señas, con mujeres que son absolutamente excepcionales, y sí es útil montar una enorme exhibición vacía y colorista sobre un prejuicio anti-musulmán que está lo bastante extendido como para garantizar la audiencia. Que es al final lo que cuenta, porque los anuncios que se pasan por la pantalla antes, después y durante el programa suben con eso, y el dinero es lo que importa a según qué personas.

Hace años hice un trabajillo para el Senado junto a un amigo gallego, y hace poco me pegó un enorme abrazo el senador que nos encargó aquella tarea. Nunca voté al PP ni pienso hacerlo nunca, hombre de izquierdas como soy, pero al senador de ese partido de la derecha española que ha intervenido en el asunto Aicha quisiera decirle, si esto leyera : la mujer saharaui tiene todos los derechos, todas las libertades necesarias, porque ella misma los ha conquistado, al lado de los cuales palidece de envidia la situación de las demás mujeres en todos los países occidentales, España incluida. Si quiere comprobarlo, consiga que el PP organice un viaje de parlamentarias al Sáhara, con atención especial a la Escuela de Mujeres “27 de febrero”. Sincera, honrada y democráticamente digo que me gustaría ver por allí a Ana Botella y otras mujeres del PP, ya que D. José María Aznar, que tiene mi respeto democrático, dijo en su momento que prefiere a la “mujer – mujer”. (Inciso : la derecha española que forma el PP ha funcionado respecto a los saharauis mucho mejor que lo hizo la autodenominada “izquierda” que dice ser el PSOE –falsamente- mientras estuvo en el poder, y aún ahora ; es un hecho histórico por contradictorio que parezca). Comprobarán exactamente lo que son las mujeres saharauis, por eso insisto en afirmar que dejan excepcionalmente alto el concepto de Mujer en la especie humana. Y ellas en primer lugar, merecen por su esfuerzo que exista un mañana mejor para este pueblo que lo merece todo. Y lo tendrá, estoy más que seguro, por lo mismo que creo en el Hombre, ambos géneros incluidos en esa denominación de especie (soy hombre, hablo en masculino, no puedo evitarlo).

En resumen : somos muchos quienes si no estamos viviendo entre los saharauis es sólo porque no podemos, porque ellos mismos nos dijeron que nuestro puesto está aquí, trabajando en nuestro medio original, profesional, social, humano. Hace 17 años empeñé mi palabra en hacerlo así, y la he cumplido. La inmensa, aplastante mayoría, la casi totalidad de los saharauis conscientes de lo que significa la lucha de su pueblo son fieles a ella, y cumplen con ese deber ya sea en los campamentos, trabajando por mejorar la situación de todos, sea en el frente de guerra, cuando el enfrentamiento estaba activo y aún hoy que existe la difícil situación de “no guerra – no paz”, sea en el extranjero, aprendiendo para volver con los suyos y hacerles avanzar en común. Son muchos cientos ya los saharauis a los que he encontrado en cualquiera de las tres situaciones. Y me edifican, aprendo de ellos, me hacen avanzar, crecer como persona, profundizar y ampliar conocimientos, seguir adelante como hacen ellos.

Frente a eso, unas pocas docenas de saharauis, muy pocos, se han rendido, o se han dejado ganar por cuanto les ofrecía con falsedades el enemigo invasor, Marruecos, que evidentemente era vida menos dura. Tengo entre mis recortes de prensa el de una revista francesa que incluye fotos del lujoso y bien amueblado chalet con jardín de que disfruta en Rabat Omar Hadrami, el traidor máximo de entre los fundadores del Polisario. Hace poco, la que para muchos consideraban bella entre las bellas mujeres saharauis, Keltum Hayat, de quien ya sabíamos que andaba por Canarias con su marido conspirando a favor de Marruecos contra el Polisario, se ha convertido en otra de las desertoras de su patria. Por Granada pasó incluso Guejmula Ebbi, antes de hacer más o menos lo mismo : no aguantó el cambio cuando la quitaron de su puesto en el Secretariado, nada más que eso. Todas ellas, todos ellos, y unas docenas más, muchísimo menos que la cifra que siempre cacarea Marruecos, forman las filas de los desertores saharauis, gente que no aguantó la dura vida del exilio, gente que se apartó de la lucha de su pueblo buscando una fácil comodidad al cortar con la causa de los suyos. En Canarias hace tiempo hablé con alguno de los “reinsertados”, que comprobaron que también en esto Marruecos mentía, y ni les dio lo que había prometido ni encontraron que su nueva vida como traidores mereciese la pena, por eso regresaron, con la cabeza baja.

Ahora, una saharaui joven, por excepción, ha decidido venirse a España a vivir con nuestras comodidades consumistas, a vestirse como hacen nuestras chicas jóvenes, a usar cacharritos tecnificados de los nuestros, juguetes para adultos al fin y al cabo. ¿A estudiar para luego regresar con los suyos, dicen? ¿Alguien quiere apostar a que no será así, o sólo si atraviesa un profundo desengaño, como los desertores “reinsertados” de que antes hablé? Al final, es una forma de deserción, al menos en las costumbres, lo que ha protagonizado Aicha, lo que me duele es que sea con el apoyo de muchos de por aquí.

¿Libertad? En el Sáhara la tiene en grado máximo, infinitamente más de la que tenemos por aquí los españoles. Por favor, no me hagáis recordar aquello de “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. Es más : cuando, como sé que llegará, los saharauis puedan cantar la independencia para su país, Aicha no podrá decir que haya sido con su esfuerzo. Cierto, escribo desde aquí, yo no paso el hambre y los apuros que está atravesando el pueblo saharaui, pero puedo afirmar que esa compensación, ese “valió la pena” que decía una poeta canaria, en su momento valdrá infinitamente más que todos los trapitos que le compre aquí en España su mamá postiza, toda la musiquita chin-chin-púm que pueda saborear, el bikini que pueda lucir en la piscina sobre su cuerpo moreno o la rica comida hecha para otros gustos distintos al suyo que pueda saborear. Habrá traicionado a su pueblo, habrá abandonado el esfuerzo común de todos los saharauis conscientes, que, por fortuna, son la aplastante mayoría.

No la envidio : sé que entre el pueblo saharaui, igual que señalaba Ibn Jaldún en siglo XIV de la era cristiana, lo especialmente relevante es la assabía, la consanguinidad interfamiliar nacida del parentesco más o menos lejano. Con esa unión más que familiar, consolidada y expandida ahora a todas las distintas partes sociales del pueblo saharaui, es con lo que ha roto Aicha. No quisiera estar en su piel cuando tome conciencia de que así ha sido. Y creo que algún día le pasará. Porque es saharaui, al final.

Por el contrario, sigo teniendo sana envidia hacia el pueblo saharaui que sigue en la brecha, permanece leal a sus principios, ahonda cada día en la enorme verdad que su pueblo tiene, y se va desarrollando en ella, respirándola, alimentándose de libertad cuando falta lo demás. Es parte de lo que nos enamora a todos los muchos que seguimos prendados de ellos en España, de uno u otro partido, de una procedencia o de la otra, en un extremo de la Península o de las Islas, o en otro. Porque son como son, por eso nos tienen junto a ellos.

De los demás, de las personas más o menos engañadas que han apoyado esta gran falsedad que ha sido traerse a Aicha lejos de los suyos, por lo mismo que tengo cariño a León espero que caigan en la cuenta del error a que los han llevado.

Termino con un refrán español, de origen rural castellano-leonés : “una golondrina no hace verano”. Una saharaui que abandona a los suyos no disminuye en casi nada la valía del esfuerzo de todas las demás, de todo el pueblo saharaui que sigue aguantando, creciendo, organizándose. Que tendrá un país libre e independiente, democrático y celoso de la humana dignidad porque lo llevan en la misma sangre. De igual forma, todos los desertores juntos que se han pasado a Marruecos a comprobar que los habían engañado, no han conseguido modificar en nada la permanencia en el esfuerzo colectivo de los suyos. Están ahí aún, y van a seguir estando. Lo que todos deseamos es que sea mucho mejor, y que sea pronto. Quiera Dios que así sea, inch’ Allah.

Fernando Guijarro

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