Poesía de Sáhara, “Bubisher” como título
Como libros sobre Sáhara se han escrito muchos, iremos señalándolos. Lo malo es que suelen ser difíciles de encontrar, pero por lo menos daremos la reseña, por si algún día os los encontráis por bibliotecas o en colecciones particulares. Porque es una pena que lo escrito por alguien quede en el olvido. Y cuando salga al mercado alguno nuevo, haremos reseña y pequeña crítica de él.
Poesía de Sáhara, “Bubisher” como título
Como en el asunto Sáhara hace tanto tiempo de todo, ha habido tanto tiempo para todo, hemos sido tantos –pero nunca los suficientes- los que nos hemos prendado de todo aquello, la poesía sobre Sáhara ha sido también abundante en estos años.
Pero no la suficiente como para llegar a los corazones de quienes no quieren sentir. De quienes no quieren saber. De quienes cuentan y echan cuentas, más que razonar. Esa gente que toma decisiones con toda la frialdad de los números, del engrosar la cartera, con la única obsesión de hacer subir la cotización de sus acciones.
Para los que llevamos aún el corazón puesto, y en activo, incluso al trabajar, el único riesgo de este nuevo libro de poesía sobre Sáhara ese exactamente eso : que al saber que existe hemos pensado automáticamente “Ufff, más poesía sobre Sáhara”. Y hemos empezado a medir si los gastos de ese mes nos llegan para comprarlo, si nos cabe en la estantería junto con los otros, si…
Y no.
Porque si aún no lo sabíais los demás peninsulares como yo, los canarios nos ganan en muchas cosas. Una de ellas, en vecindad con el Sáhara. Hace años le oí personalmente a un político de allí decir “El Sáhara es una isla más de las nuestras”. Y tenía toda la razón. Más aún: el franquismo que usó a los saharauis como carne de cañón, a los canarios los explotó como mano de obra barata mezclados muy de cerca con los saharauis. Por algo se sienten hermanados, por muchos años y muchos malos hechos que pasen. Porque unos y otros estaban codo con codo cuando los pisoteaban.
Hace también bastante, en una rueda de prensa en Madrid le pregunté por los canarios a un saharaui, uno de los que hoy representan a la RASD ante la ONU, y a este hombre curtido en mil ademanes, endurecido por mil falsedades encajadas con una sonrisa, y con costumbre de mil delicadas gestiones en confortables despachos, profesional de la diplomacia que se las sabe todas y se espera incluso las peores, se le cambió la cara. “Los canarios están siempre tan cerca de nosotros…”, dijo. Y es muy cierto.
Un buen poeta canario, Pedro Lezcano, habló de las mujeres saharauis diciéndoles en verso “Vuestra tierra es la nuestra, la llevamos / en el pelo, en las uñas, en la sangre”. Envidié a los canarios cuando leí eso. Y viví luego un día en Las Palmas que es perfectamente cierto : cuando sopla el viento de la cercana África, les trae a las Islas granitos de arena de Sáhara prendidos en el aire, que caen en tierra canaria. No es raro que se sientan tan hermanos. Que lo sean como lo son.
De Canarias, y editado con elegancia canaria, con unas deliciosas ilustraciones de Pepe Dámaso de las que tenéis un buen ejemplo en esa portada, imágenes que mantienen perfectamente el tipo junto a esas otras imágenes en verso, nos llega un libro de poesía con mucho de milagro. Porque si ya es difícil entendernos con los saharauis por encima de la distinta lengua, de la cultura tan lejana de la nuestra que resulta ser sin embargo tan cercana, de la diferente religión, de las mil y una diferencias que para ellos es tan fácil saltarse con una risa, una risa a la que sin embargo es tan difícil responder cuando uno piensa “La culpa de todo esto la tiene mi país, España”… el milagro de este libro es que nos permite entrarles donde nadie creyó nunca entrar, en el mismo corazón de algunos de los jóvenes de este pueblo inconquistable para tantos. El milagro es que en este libro los lees sentir. Lo increíble es que ellos, gente joven nacida en pleno conflicto, corazones de poca edad que laten aún por aquellos rincones que les robaron y que han crecido sin conocer, te abren su sensibilidad para que compartas su sentir. Como una dulce sonrisa, bien serena, nada ingenua. Y ese sentir te resulta tan cercano, porque es tan humano, tan de uno mismo, tan…
Es el mérito de este libro. Probablemente ese Bubisher es el mismo pájaro que en mi propio libro sobre el Sáhara llamé “Bufisín”, porque lo escribí como lo oí pronunciar. Pero si es el que trae buena suerte, pues no hablamos de otro. Y sí que nos la trae, ni la menor duda que este libro que así se llama la comunica a todo el que tenga corazón y aún le funcione como es debido. A todo aquél a quien los euros al amontonarse –cuando se amontonan…- no le hayan esterilizado el sentir. A todo aquél que aún sienta con sentido. Por algo uno de los poemas se llama “Cuestión de precios”, porque de eso se trata, al final. Aunque en el poema sea distinto, menos mal, cuando alguien pregunta “¿Cuánto cuesta…?”.
Hay Sáhara aquí, desde luego. Pero hay abundancia del sentir profundo de unos cuantos saharauis. Y ese es el milagro impagable, que leer esta letra impresa nos cuenta y nos canta los sentimientos escritos de unos cuantos jóvenes de por donde las arenas. Algo que uno nunca creyó poder sentir tan cerca, pero brota de esas páginas, con toda su honda cercanía.
Naturalmente, uno de los sentimientos que corretean por estas páginas es el del tiempo. El demasiado, hirientemente lento transcurrir del tiempo. Ese tiempo que ni la misma ONU ha conseguido disminuir, porque los intereses siempre ocultos de unos pocos lejanos lo impiden. Se entiende fácilmente que a los saharauis les hiera ese tiempo que tan vacío sigue siendo al correr, en toda su lentitud. Y sin que lleguen soluciones a lo que es justo desde antes incluso de que todo empezara. Claro que les hace una herida el tic-tac del reloj a los saharauis. Es más que comprensible que les duela, segundo tras segundo. Lo bonito es que hablen de él tan bellamente.
Por ejemplo cuando Luali Lehsan nos dice “Los días sobrevuelan, sin ruido, / como aves de rapiña, / el techo de este hogar sin raíz / donde anida el sueño de nuestros hijos. / El tiempo va, siempre va”. Y es difícil decir más en menos, tan hondo en pocas palabras. Por ejemplo.
Pero hay también libertad, grandes espacios, hondura de sentir. Y menos mal, ahí cabemos hasta los del país que es culpable de que todo esto sea así. Que me disculpe el que quiera, pero se me ha quedado bien grabado –por la mención que hace en el prólogo la canaria María Jesús Alvarado, nacida en pleno Sáhara, veo que a ella también- ese poema que dice sin gritos, sin dureza, sin odio, “Yo amé a mi madrastra hasta la saciedad”. Vosotros veréis cómo lo dice, a quién se lo dice, qué quiere decir. A mí se me queda clavado bien dentro que mi España fue madrastra de estos jóvenes, de estos mayores, de estos luchadores, de estas magníficas mujeres, y sin embargo, como dice el poeta, “Tú, mi propio protegido / a quien no parí pero di cobijo…” Perdonadme, se me hace duro que me hablen en sentida poesía de que fue mi país el que los abandonó, el que les negó el cobijo…
Libro de poesía saharaui que hay que tener, hay que leer, hay que parar el tiempo para detenerse a flotar entre sus líneas en verso. No, no es uno más. Está entre los muchos milagros que este increíble pueblo sigue haciendo día tras día. Uno de ellos, y no el menor, que aún nos hablen. Y que hasta escriban y sientan en nuestra lengua, en español. A mí me corta un instante la sangre por las venas.
Pedidlo a la dirección electrónica que viene en el libro, de la editorial que tan bien lo ha impreso, es decir www.puentepalo.com Pero por favor, hacedlo con delicadeza, procurando poner las cosas fáciles : no hagáis pedidos de uno en uno, siempre se le puede regalar a alguien ese par de ejemplares de más que pedimos en cada ocasión. Y facilita las cosas al hacer los paquetes, y los pagos, y esos líos de siempre.
Vale la pena, de verdad. Cómo decirlo de otra forma.
Fernando Guijarro
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